Nuestra relación vital con las plantas compañeras

Hace pocos días leí en un chat que aprecio, algunas ideas sobre el guanto, una planta de los dioses; un potente veneno o maravillosa medicina dependiendo cómo se use, pues contiene digitalina que puede paralizar el corazón o favorecer el sueño con un pétalo bajo la almohada. También es alma y espíritu compañero de la humanidad, pues el guanto aleja las malas energías y protege la salud en la casa.

Esto es precisamente lo que hace una planta compañera en el huerto. Puede matar o curar dependiendo de la dosis aplicada, y ésta no necesariamente se expresa en un biol o como una infusión para controlar insectos indeseables, sino por su sola presencia.

Las flores llamadas capuchinas alejan las plagas de las tomateras cuando se siembran juntas; el llantén a distancia prudencial de las coles elimina los gusanos que devoran sus hojas; las zinnias alejan a los pulgones negros para siempre y su aroma mantiene a salvo al brócoli y a los nabos.

Por ahora me centraré en el efecto de cuidado y compañía que ejercen ciertas plantas sobre las personas; y en el huerto, sobre aquellas que nos alimentan a diario. Energías y efectos biológicos: ¿tienen o no tienen nada que ver entre sí?

Capuchina, flor comestible y compañera del huerto
Ajenjo o Artemisa, una planta medicinal poderosa espiritualmente y una aliada para mantener la salud del huerto. Debe su nombre a la diosa del terreno virgen, sanadora de las mujeres. Veneno potente, muy buena en infusión de una pizca de hoja para curar el hígado graso. Excelente para eliminar las larvas de gusanos, o de orugas que comen las hojas de varias plantas. Sus raíces exudan una sustancia tóxica. Siembra a un metro de aquellas que quieres proteger.

En el imaginario popular el San Pedro protege la casa, y su espíritu pone las noches de sueño a salvo de merodeadores. Esta idea esperanzadora obedece a que nuestra relación con las plantas es profunda, al igual que el vínculo de ellas entre sí.

Una visión espiritual del asunto, a mi modo de ver no se contrapone con las razones de la biología: los compuestos minerales de una planta compañera ayudan al cultivo principal y lo salvan.

Mi experiencia de estos años sembrando plantas sistemáticamente cada mes en cuarto creciente, me ha mostrado que las mejores compañeras en el huerto son las plantas medicinales, las malas hierbas y las flores.

El clavel mejora la productividad de los limones.

La caléndula protege a los pepinos con su aroma, de modo que no habrá gusano cerca mientras ésta florezca.

La consuelda mayor es fiel compañera de las lechugas y el ajenjo ubicado en una ladera con papas elimina los gusanos que se las comen.

Lo mismo hacen sobre el maíz las  hojas de la higuerilla, los rábanos silvestres y el llantén.

Cierto es que una infusión de ajos elimina los temibles pulgones, pero es mejor si los sembramos junto a los tomates o en medio de los cítricos y otros frutales.

Aleja los chinches con lavanda cerca de las plantas de achogcha o los tomates de árbol.

Prefiere colocar un manojo de sábilas y malas hierbas junto a las granadillas, verás como alejan los trips que devoran los brotes tiernos.

Las capuchinas son flores comestibles. Su aroma resulta insoportable para los pulgones.

La próxima vez que siembres algo en tu huerto piensa qué planta compañera podrá cuidar tu cultivo principal de predadores. Así mismo, busca la planta que te mantendrá a salvo de radiaciones electromagnéticas y otros males. Recomiendo suculentas junto al computador, y una sábila colgada en la puerta.

Qué curiosa relación tenemos con las plantas, y qué impresionante vínculo logran ellas entre sí, cuando permitimos que se manifieste una abundante diversidad que seguramente añoramos en sueños de épocas pasadas, siendo habitantes de un bosque.

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