Un lavadero con agua caliente solar, y su tratamiento en el círculo de plátanos

En una esquina del huerto Fukuoka cultivado con agricultura natural, diseñamos un círculo de plátanos que se alimenta de agua gris, desde el lavadero de platos eficiente; funciona con agua caliente solar de bajo costo.

El círculo de plátanos es un recurso muy usual en la Permacultura, empleado para regenerar aguas grises e incluso negras. Esta planta macrófita transforma las sucias aguas en bananas deliciosas y saludables. A mayor abundancia de aguas grises, mejores y más lindas plataneras. Es la ley…

Aprovechamos el maravilloso clima de esta zona, Tumbabiro, Urcuquí, Chachimbiro ya que afortunadamente, en Ajumbuela tenemos un poco de todos. Los plátanos siempre fueron un sueño postergado con intentos fallidos hasta este diseño permacultural que es plenamente sustentable.

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En esta oportunidad describiremos paso a paso cómo funciona el lavadero demostrativo eficiente.

El agua caliente proviene de mangueras negras que se colocan en el techo cercano al lugar de la instalación. Hay que usar mangueras para agricultura, evitando las de luz. Una primera experiencia falló al estallar el sistema por la fuerza del agua.

Se enrollan en un círculo con una estructura de aluminio como base.

 

Luego, se colocan en el techo de la instalación o junto a la misma y cerca de la fuente de agua. El mueble tiene tres tinas, en la primera va la llave de agua caliente, a la que colocamos agua jabonosa una vez llena. La segunda tina tiene agua tibia limpia para enjuagar, en la tercera se escurren los platos.

El agua gris resultante va al círculo de plátanos que tiene un agujero de un metro y medio cavado en el centro y cubierto con rastrojos. Por ahora llega manualmente, pero en breve se hará con un tapón y desagüe. El círculo de plátanos “aguanta todo”, es decir todo tipo de desperdicios y grasas de la cocina, incluso transforma y digiere jabones, con excepción del cloro. El mueble de la instalación está hecho con madera plástica y polialuminio reciclado de tetrapack. No hay problema con el desgaste por los elementos, el daño de los materiales o su oxidación.

 

 

El ahorro de agua usando este sistema hídrico permacultural es muy notable, todos podemos percibirlo, ya que usualmente gastamos un promedio de 80 litros en la cocina para lavar cien platos, y en este caso el requerimiento se reduce a 10 litros, que además son aprovechados por las plantas.

 

Un huerto vertical con plástico reciclado

No tengo espacio, apenas una pared. Es lo que nos comentan los amigos y amigas que viven en la ciudad. Interesados en el tema diseñamos un prototipo de huerto vertical de alta eficiencia, que en lugar de ubicar plantas coloridas en diseños sofisticados, incluye variedades comestibles, medicinales y ornamentales, combinadas por asociación. Una jungla, un pequeño bosque, un recuerdo de la naturaleza en la pared y también un lugar productivo dónde recoger las hojas para hacer infusiones, condimentar y por qué no, comer deliciosos tomates y lechugas o fresas, que adoran colgarse de las ventanas del jardín.

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Tomamos en cuenta el tamaño de las raíces, el tiempo que les toma a las plantas desarrollarlas y su movimiento natural en busca del agua. Ubicamos plantas de raíces fuertes abajo como helechos, ruda, hierba luisa y rastreras de crecimiento lento; en el medio, una gran variedad de medicinales como manzanilla, salvia, orégano, menta piperita, hierba buena, tomillo, perejil, culantro, toronjil, con lechugas, tomate cherry, fresas; y arriba, una buena cantidad de flores comestibles como calangone y pensamientos, capuchinas, caléndulas;  trébol que aporta mucho nitrógeno, y la cobertura de diversas variedades arbustivas.

La estructura

Diseñamos el jardín con materiales reciclados como madera plástica y polialumnio, que se obtiene de envases de tetrapak.

Conscientes del impacto del plástico en el daño de los ecosistemas decidimos usarlo como recurso y evitar que cada vez más toneladas inunden el mar. Es nuestro pequeño grano de arena y si somos cada vez más, haremos la diferencia.

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Detrás de la estructura colocamos mangueras negras con riego por goteo, que fijamos con el plástico del mismo material. Este sistema funciona abriendo una llave de paso  para que las raíces se saturen de agua, una vez cada semana, entre dos a cinco minutos, dependiendo del clima. Es decir que no consume mucha agua, no necesita una bomba, únicamente la conexión y un desagüe mínimo.

 

Laminamos y pintamos el material para darle mayor durabilidad y un tiempo máximo de resistencia al ambiente.

 

Un pequeño bosque comestible en la pared

Este huerto vertical y jardín puede estar dentro o fuera de tu casa. Imagina sembrar todo el tiempo y cosechar tus propias plantas medicinales, flores comestibles y verduras saludables en un pequeño espacio. Ahora es posible con los recursos de la Permacultura, como este pequeño modelo autosustentable. En el espacio inferior tiene una compostera incluida que usa abono de oveja de descomposición lenta, y arriba sostenemos a las plantas con humus de lombriz. El alimento será suficiente para ellas por tres años, de manera que los minerales se irán solubilizando poco a poco para alimentar las raíces, hasta de las más pequeñas. Te sorprendería conocer cómo se apoyan en un bosque para convivir juntas y en armonía.

 

Agua y amor será lo único que te pidan para darte belleza, alegría y alimento.

Curso de bioconstrucción y permacultura: un horno de tambor

El fin de semana, 18 y 19 de noviembre de 2017, la finca desarrolló un taller práctico demostrativo de bioconstrucción en el Jardín Botánico de Quito,  auspiciante entusiasta de un sistema demostrativo amigable con el medio ambiente.

Carlos Álvarez, experto en bioconstrucción a cargo de la finca, condujo la elaboración de un horno de doble combustión de alta eficiencia hecho con materiales ecuatorianos, de carácter ancestral y tecnología actual: caña guadua, barro térmico, piedras volcánicas, en combinación con acero inoxidable, dos tanques de doscientos litros y malla metálica.

La experiencia fue muy gratificante pues el taller reunió a un grupo experto en construcción y uso de materiales, con permacultores y personas conscientes de la importancia de ser productores de tecnología en lugar de meros consumidores recursos. Todos tenían en común el amor por la naturaleza y la decisión de lograr una mayor integración con ella a través de la Permacultura.

Luego de una inauguración con la intervención de la directora de educación del Jardín Botánico, se abordó el programa de manera práctica y en dos días alcanzamos el objetivo sin contratiempos.

Si quieres revisar el programa de este taller, puedes leerlo y descargarlo del siguiente link de Facebook: Programa del curso de hornos eficientes de tambor

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Fue reconocido por todos el aporte de las damas asistentes, quienes levantaron gran parte de la estructura de caña guadua y barro, a la vez que el conocimiento experto de los caballeros con experiencia en el uso de las herramientas como sierra, remachadora, amoladora, taladros y la infaltable productora de latillas de caña guadua diseñada por Charly.

¡Cuántos amigos y amigas nuevos! Fue lindo el encuentro y enormes las expectativas que levantamos todos nosotros sobre los siguientes pasos en la permacultura de nuestras vidas.

Hubo proyectos muy interesantes planteando alternativas para el diseño de otros recursos con el sistema, como una estufa / cocina, o un calentador de agua con barro térmico, que a la vez sirva para abrigar un ambiente en casa.

Al ser un encuentro permacultural, el taller también dio la opción de charlar sobre algunas propuestas de la finca Shungo Tola, como el uso del baño seco compostero de tacho, el cultivo de semillas orgánicas, el uso eficiente del agua a través de biofiltros, los emprendimientos sustentables y más asuntos de esta disciplina y el estilo de vida natural.

Por petición de este nuevo y dilecto grupo de amigos, incluyo en este texto una descripción de la construcción, funcionamiento y uso del baño seco de tacho.

El humilde pero eficiente baño seco de tacho

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El humilde y eficiente baño seco de tacho

Como permacultores, uno de los primeros asuntos que debemos resolver es el uso y no abuso de los excrementos humanos. Al pensar en la posada permacultural que actualmente mantenemos en Shungo Tola, nuestra casa de intercambio de saberes, decidimos que solo usaríamos sistemas eficientes para tratar los desechos humanos y convertirlos en compost.

Afortunadamente la comuna donde estamos gestiona los excrementos a través de un biodigestor comunitario, por eso tenemos un baño de agua, pero también usamos el querido y nunca bien ponderado baño seco de tacho.

¿Con separador o sin separador de orina?

En el 2015 vivimos en una casa con un baño seco compostero que manejaba un separador de orina, en Argentina,  durante un par de semanas. Desgraciadamente no fue posible controlar las moscas en este modelo y sufrimos mucho cada vez que levantábamos la tapa del trono. Una pequeña cámara recogía las eses y un bidón, la orina depositada en un embudo bien ubicado en el extremo obvio del asiento. Quedaba la tarea de entregar a la plantas el resultado, es decir úrea disuelta con ceniza y harina de rocas. ¡Cuanto trabajo! y si el nivel de humedad subía, todo tipo de insectos voladores colonizaban el recinto.

Fue en otro evento en Argentina, esta vez con Jairo Restrepo cuando usamos por primera vez un tacho para baño seco. Se trataba de un simple y sencillo balde de veinte litros de capacidad que recibía todo el “material” húmedo y seco. Este, luego era cubierto con una capa suficiente de aserrín mezclado con ceniza y abono de baño seco.

El trono se abría y cerraba herméticamente para evitar la llegada de moscas. Cada vez que se llenaba, pasaba a su cierre hermético y un mes y medio después, a su deposito en una compostera bien cubierta de paja seca.

Para lograr un buen baño seco de tacho hay que seguir algunas recomendaciones:

Hacer una mezcla de cuatro partes de aserrín fino con un parte de ceniza y media de buen abono del baño seco. Los microorganismos conocen lo que hay que hacer y empiezan a descomponer “el material” en cuanto cerramos herméticamente el tacho. Si no tiene abono de baño seco use compost o una parte de buena tierra abonada.

Dejar esta materia orgánica junto al inodoro de tacho. De preferencia, arroje el papel en un basurero aparte.

Cierre siempre el tacho herméticamente una vez que se ha completado. Verifique que esté bien cubierto por el rastrojo seco con ceniza. Esa es la clave.

 

 

En la secuencia de fotos se puede apreciar el tacho solo con un trono móvil. Fue cómo lo usamos por un año. Tapamos y destapamos el tacho, colocamos el trono, usamos el trono, lo dejamos a un lado, tapamos el tacho. Tuvimos muchas otras prioridades antes de hacer un contenedor adecuado, que es una caja con cierre hermético para evitar el ingreso de moscas.

El procedimiento para el baño seco es sencillo y seguro:

  • Cada vez que usted emplee su tacho, coloque la mezcla hasta cubrir por completo, si hay orines asegúrese que pone una cantidad suficiente.
  • Cuando el tacho esté lleno saque del contenedor y tape herméticamente.
  • Coloque los tanques cerrados en fila desde el más antiguo hasta el más nuevo, después de un mes y medio el tanque estará semicompostado y los olores casi desaparecerán.
  • Ponga el contenido del tacho de un mes y medio en la compostera abonera: destape la compostera (la debe mantener siempre bien cubierta con rastrojo seco), coloque el material y medio tacho de agua por cada bote que ponga.
  • Es muy importante que la compostera general tenga orificios de drenaje para que escapen los lexiviados y el compost no se pudra.

¿Cómo se hace una compostera general para el baño seco abonero?

En nuestro caso reusamos una antigua chanchera que encontramos en la propiedad, la cual tenía un pequeño desnivel y orificio para el desfogue de agua. Se puede hacer con pallets unidos entre sí y forrados con plástico negro, es importante que tenga a mano más aserrín, que puede ser grueso o fino. Puede reemplazarlo por paja, ramas secas, recortes de hierba seca o cualquier rastrojo.

Normalmente apilamos un montón en cada lado. Una vez lleno lo dejamos seis meses en proceso de compostaje por microorganismos eficientes bien cubierto de paja seca y sin tocar. No se da la vuelta, no se moja más. El montón debe estar protegido de los elementos por un techo, aquí improvisamos con una plancha de polialuminio reciclado.

Luego del sexto mes, el proceso de casi ocho habrá dado como resultado un abono excelente para frutales como cítricos, chirimoyas, aguacates, guabas, café, entre otros.

Para lograr un compost más fino se puede dejar un año, conocemos quién hace más de una compostera y va usando el abono más antiguo en hortalizas y verduras.

El mejor abono

Es un hecho comprobado que los humanos proveemos del mejor abono a la Tierra en nuestra calidad de omnívoros (comemos de todo); esto además nos ha permitido sobrevivir en este planeta. Los humanos, sin embargo, somos los únicos que no devolvemos a la Madre lo que hemos tomado de su vientre. Todos los animales y seres vivos devuelven los minerales a la Tierra una vez que los usan para alimentarse. Este es un ciclo natural. Arrojar este abono que reclama la Pachamama para seguir alimentando a la gente no es natural, no es sano, contamina el agua de maneras absurdas envenenando las napas y capas freáticas, con materia putrefacta.

Es absurdo pensar que es más saludable arrojar los desechos por el inodoro y llevarlos al mar en lugar de compostarlos. Tan absurdo como mal usar la poca agua dulce  que tenemos en semejante propósito. Recuerda, en la ciudad, no te inundes de excrementos si no hay agua. Composta y usa tus desechos minerales, por el bien del planeta.

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Nuestro Temazcal curativo

El Temazcal es un antiguo método para curar que se practicó especialmente en América, Europa y Asia, desde tiempos inmemoriales. El popular baño sauna actual tuvo su precursor en una cámara usada para sanar dolencias reumáticas, problemas de circulación, bronquiales, digestivos y de otro orden, siempre con vapor y piedras calientes.

En América, desde Alaska hasta la Patagonia, el Temazcal se usa también para curar el alma. En contacto directo con la Madre Tierra, dentro de la construcción circular de barro, al inhalar el vapor de plantas medicinales y de las abuelas piedras, en pleno contacto con uno mismo, recordamos de dónde venimos y a dónde vamos.

El temazcal de Shungo Tola se ha construido con barro y bahareque, usando una estructura de caña guadua, como seguramente hicieron los primeros pueblos sedentarios para mantener y cuidar la salud. Era tan importante y eficiente el método, que las tribus nómadas lo levantaban en cada refugio de su viaje por la madre Tierra usando pieles de animales para cubrirlo.

Hasta el día de hoy se conserva la memoria de esta ceremonia ancestral, que en México se consolidó al reunir las formas del norte de América y del sur de la Patagonia. Los mayas y mexicas fueron, probablemente, quienes hicieron más completo el ciclo de la curación del cuerpo y del alma con un procedimiento que se mantiene en los círculos de medicina del Camino del Corazón hasta el día de hoy. Es el que practicamos con amor y constancia.

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En el exterior, una Abuela Tortuga cuida el paso hacia el interior de la Madre Tierra. Antes de la ceremonia recibe los objetos sagrados de la gente: cuarzos, piedras especiales, el tambor y la sonaja para el canto y las hierbas se se usarán para limpiar, como cedro o ciprés, romero, arrayán, hierba buena, cedrón, borraja; dependiendo de las necesidades.

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Las abuelas piedras entran al centro del domo de barro en grupos de siete. Se limpian con cedro y una vez adentro, reciben el agua medicinal que hirvió en la misma fogata.

Cuatro son las ruedas de la vida, las vueltas del Temazcal y los cantos sagrados de medicina que alivian y esperanzan.


Calientito, calientito, calientito el Temazcal/ es el vientre de la madre Tierra/


Agua vital purificame/
fuego del amor, quema mi temor/
viento del alba, llévame al altar/
madre Tierra vuelvo a mi hogar/
en el Temazcal/
en el Temazcal/
El nacimiento, la juventud, la madurez y la ancianidad se reconocen, pidiendo a la Madre que bendiga cada momento de nuestro paso por la vida.
Buscando buscando yo nunca encontré/
lo que yo buscaba siempre ha estado aquí/
dentro, muy dentro de mi.
Los cantos de suceden unos a otros y también los pedidos de sanación; transcurre el silencio y la purificación, el copal y el palo santo limpian y protegen.
La ceremonia dura dos horas y media, más o menos, en ella pueden participar niños y bebés. Si el calor fuera extremo para alguien, podría salir con permiso de quien dirige el proceso.
Luego de la experiencia se comparte un ágape ritual en honor a la Tierra.
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Cómo es y cómo funciona un horno andino

El primer horno que tuvimos en Shungo Tola vino con la finca, en la casita de tapial de 1960 que había sido abandonada por dos años, y antes por cinco años. Así sucesivamente. En la emoción por el hallazgo del nuevo espacio para hacer realidad nuestra permacultura, nos pareció todo maravilloso, incluyendo al horno tradicional andino que encontramos abandonado y destruido. Don Juan Fernandez había construido la casa y colocó el horno en un lugar preferencial, junto a la cocina, en un pequeño patio al abrigo de los elementos. Cada casa en la comuna tiene uno y muchos han sido hechos por don Juan, autor de más de cincuenta casas de la zona, y de tantos hornos que ya no los recuerda a todos.

Nos entregó la propiedad en mayo del año 2015, en una fiesta organizada para toda su familia de ocho hijos, que se criaron en la casa campesina hasta su partida buscando otros horizontes. Muy temprano en la mañana abrió un agujero de ochenta por ochenta centímetros, puso majada de caballo, paja triturada, la misma tierra y con agua hizo una mezcla para juntar los ladrillos rotos de la puerta y hacer un revoque.

La cúpula del horno había permanecido intacta por sesenta años, así como el piso de ladrillo, la base de piedra y barro del lugar.

Al día siguiente había que prenderlo y era nuestra primera vez, así que nos enseñó cómo.

Primeramente colocó una carga de leña de espino muy considerable, suficiente para encender un buen fuego dentro de la cúpula de barro. La leña debe quemarse por completo hasta que solo queden brasas, más o menos durante tres horas.

Mientras esto ocurría, doña Digna preparó una escoba de chilca, enrollada y sujeta con un alambre al palo más largo y firme que pudo encontrar. La escoba de chilca tiene múltiples usos, entre ellos barrer las malas energías de una casa nueva, limpiar enfermos de espanto y encender el horno de leña.

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Cuando la leña se consumió por completo, partió con una pala larga todos los pedazos y los distribuyó en el piso del horno, dejándolos por veinte minutos.

Finalmente barrió las brasas hacia el costado, donde se encuentra la ventana de aire. La escoba de chilca chisporroteó y saltó, el aroma a la planta inundó el espacio y las brasas de arrinconaron para dar paso al asado: pollos de campo y un chanchito de Urcuquí, alimentado con aguacates y fruta de los huertos campesinos.  Se cerró la ventana y empezó la fiesta. Mientras el horno probaba su calidad, cocinamos en una tulpa, papas, choclos, habas, mellocos, y la familia preparó salsas de pepa de zambo y ají con tomates de árbol.

Luego de tres horas estaba listo el festín y el horno había probado, una vez más, ser el fuego que junta a la familia para celebrar los acontecimientos más importantes.

Luego de aquella primera vez prendimos el horno en cada celebración familiar; hicimos asados, pizzas, pan de maíz con la receta de doña Maritza, pan de trigo maravilloso, verduras asadas y hasta cazuelas con todo tipo de verduras del huerto.

Aprendimos que el horno se puede aprovechar por dos días completos, así es la potencia que se concentra en la cúpula de fuego; por eso no es raro que luego del asado entre mucho más. Lo usamos para deshidratar fruta en las últimas horas de calor e incluso hacemos papas chuño, que pierden la humedad lentamente durante una noche.

El horno andino de Shungo Tola se usa menos ahora, desde que construimos un rocket de alta eficiencia, pero cada vez que lo prendemos es un ritual que recuerda la forma como lo han hecho los comuneros por cien años. Nuestra próxima tarea es remodelarlo por completo, hacerle un revoque fino y pintarlo con cal, para dejarlo como seguramente fue en 1960.

Construcción de hornos eficientes de doble combustión

Uno de nuestros más caros sueños ha sido construir con nuestras propias manos un horno eficiente con una doble cámara para la circulación de los gases, el mínimo gasto de leña usando solo las podas del huerto; con tanques reciclados y a muy bajo costo. Pensamos y soñamos en hacer muchos hornos para las familias de la comuna, como ellos hicieron con nosotros. Un horno en minga.

En diciembre de 2016, organizamos un taller con la asistencia de Norié Barro Vivo. Ocurrió lo que pasa cuando todo se junta para bien; nos visitaron dos amigos permacultores de la zona y  tres familias de la comuna de Ajumbuela. Todos aceptaron el reto de hacer un sistema que se comercializa en cientos de dólares, con nada, si fuera posible.

El trabajo maravilloso de don Edgar, nuestro vecino soldador experto, fue clave en el logro alcanzado en esta minga. Unimos las piezas de un tanque reciclado que curamos con llama alta durante una hora para eliminar todo posible residuo de su uso anterior.

Armamos la base con pallets, botellas de vidrio, tejas antiguas, caña guadua y ceniza.

Añadimos las piedras volcánicas que amablemente donó Norié, son rocas de la Mama Tungurahua, que arden al rojo vivo en un santiamén.

Se colocaron para formar la cámara de fuego, con barro preparado quince días antes usando majada de caballo, melaza y rastrojo en las siguientes proporciones: barro arcilloso, diez partes; majada mezclada con agua suficiente para lograr una mezcla homogénea, dos partes; cascarilla de arroz hasta darle consistencia, dos partes; y melaza con agua hasta conseguir la pasta.

Levantamos la estructura con un tanque viejo, malla de la construcción y un tubo laminado.

El resultado, luego de dos días intensos de trabajo, fue un lindo horno que luego Charly retocó con una serie de ajustes a la cámara interna, la estructura y los revoques.

Durante tres días seguidos distribuyó mejor el barro, cubrió bien las fumarolas que aparecieron en el horno recién estrenado, y le puso patitas de elefante.

El costo total del horno ascendió a $250 dólares. Es decir, de fácil acceso a las familias de la comuna de Ajumbuela y a todo quien esté interesando en una solución permacultural para este sistema de combustión de doble cámara.

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¿Cómo funciona?

Es increíble que el horno no desprenda humo durante la combustión. Aparece una especie de trama de gases transparente que casi no se ve.

La leña, que son solo recortes secos del huerto, entra en la cámara de fuego y se enciende con fuerza gracias a la ventana, abierta en este caso para el impulso de aire necesario.

Inmediatamente pasa a la cámara de circulación de gases, un espacio hueco y soldado entre el tanque principal y otro, que genera el túnel de combustión.

El calor es mucho más intenso que con el método convencional y la cantidad de leña no tiene punto de comparación.

Finalmente, a disfrutarlo, a cocinar a diario, a prenderlo por las noches cuando hace frío y a brindar por nuestra salud y por la salud de toda la humanidad.

 

 

Aprendizajes de esta bioconstrucción, en octubre de 2017

Luego de un año construyendo hornos con este sistema, podemos decir que sí es posible levantarlo por ti mismo con conocimientos sencillos y materiales reciclados.

Puedes ser un permacultor y usar de manera eficiente la energía con un mínimo esfuerzo, lo importante es que aprendas cómo hacerlo.

Seis hornos después del primer prototipo, hemos hecho varios ajustes que te sugerimos como necesarios.

  1. Redujimos la entrada de la cámara de combustión. No se necesita que sea tan amplia, especialmente porque se fuga el calor de manera importante.
  2. Usamos acero inoxidable para forrar todo el horno por dentro y por fuera, esto evita la oxidación de los tanques reciclados.
  3. Eliminamos la ventana de humo, no es necesaria pues si la cámara de combustión está bien hecha el aire fluirá durante el encendido.
  4. Hacemos los últimos revoques luego de un mes de su construcción. Esto permite que la mezcla seque bien y sea una base sólida sin fisuras o “fumarolas”.
  5. Cubrimos con barro la chimenea y la puerta del horno para que el calor no escape por las fisuras.

El último horno que elaboramos para clientes de la finca salió perfecto. En este afán de constructores de fuego, levantaremos el siguiente en el Jardín Botánico de Quito el 18 y 19 de noviembre de 2017, con las siguientes características:

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  • Enciende en cinco minutos.
  • Necesita menos cantidad de podas.
  • Calienta en diez minutos.
  • Mantiene un calor estable durante tres horas y con un leño pequeño más, llega a cinco horas.

¿Cuánto cuesta un horno mejorado?

Hacerlo profesionalmente vale entre $600 y $800 dólares, considerando ya el trabajo involucrado y el tiempo, puede ser necesario un mes y medio de visitas periódicas  para dejarlo sin fisuras, todo depende de la humedad del ambiente, las veces que se haya prendido (mientras más, mejor), el espacio dónde está, los materiales, entre otros factores. Sin embargo, una vez curado el barro con una mezcla térmica, tendrá la dureza característica de las construcciones antiguas con este material. Puede durar siglos.

Aprender a hacerlo en un curso de bioconstrucción de la finca vale $80 dólares, dura dos días e incluye el asesoramiento cuando se levante en tu lugar.

¿Cuáles son los beneficios?

Todos son beneficios, ya que usarás mínima cantidad de leña. Encenderás muy rápido. Cocinarás mejor, con el inconfundible y delicioso sabor tradicional pero con las ventajas de un sistema sustentable. Y muy importante: no contaminarás el ambiente ni dañarás tu salud porque la doble combustión bien lograda elimina el humo, solo verás residuos gaseosos transparentes en la chimenea.

 

Mira este vídeo dónde te lo explicamos más ampliamente:

 

Carlos Álvarez, constructor y docente de la finca Shungo Tola, con estudios de arquitectura, sociología, economía, conoció este sistema en Argentina durante el año 2012 y 2013, luego combinó este saber con el de caña guadua, en Colombia. Construye hornos de doble combustión para la comuna de Ajumbuela en Urcuquí, provincia de Imbabura de manera gratuita, y para los clientes de la finca Shungo Tola.  Dicta talleres y cursos sobre sistemas de doble combustión: estufas, hornos y tanques de calefacción, desde el año 2016.

Un vivero con guadua y barro, de bajo presupuesto y alta productividad

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Nuestro pequeño invernadero es el vivero de la finca Shungo Tola, se ha construido con caña brava entera y cortada, plástico para invernaderos, barro y polialuminio reciclado en todos los remaches.

Se colocaron sarán y micromallas para garantizar una buena circulación de aire este – oeste. Además cuenta con ventilación pasiva norte – sur y un sistema sencillo para recoger el rocío de la mañana y el agua de lluvia en un pequeño tanque, usado para regar las semillas, las plantas y los plantines. En camas con bochashi a los extremos se cultivan tomates cherry amarillos, ajos, cebollas, albahaca y fresas en cada luna creciente. La cama que se observa para el cultivo del tomate tiene cartón en la base y mucha tierra abonada, lo cual dio excelentes resultados.

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Algunos detalles constructivos

La caña guadua se cortó en tiras delgadas con las cuales se formó un túnel. Las tiras han sido sostenidas por bases de caña entera, barro y piedras. Para unir los materiales se usó una grapadora neumática y retazos de polialuminio.

Levantamos una cama elevada en el centro del invernadero para colocar los nuevos plantines, que se hizo enteramente con caña guadua y carrizo.

Un año después de la construcción del vivero podemos dar varios consejos:

Usa solamente plástico de invernadero. La primera versión se armó con plástico normal de construcción y duró seis meses. Tuvimos que cambiar todo el sistema por un material resistente a los rayos UV.

Cuida que el plástico no esté en contacto con salientes o partes cortantes que puedan dañarse por roce constante con la fuerza del viento. Actualmente en el 2017, las uniones se envolvieron o aislaron con polialuminio, sarán y plástico.

¡Fuera de eso nada más!! Sorpréndete, el costo de este invernadero es de $30 dólares, en el plástico (lo más caro, $16 dólares para los cinco metros por tres), la caña guadua (cada una de nueve metros vale $3) y la tierra es gratis…

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Permacultura y agricultura regenerativa

Consideramos que el eje de la Permacultura es el diseño de los aspectos esenciales de la vida; por ello iniciamos con la agricultura trabajando en el logro de nuestra soberanía alimentaria. Creemos que es lo primero que podemos hacer para tener salud y bienestar.

El diseño de huertos comestibles ocupa toda nuestra atención, con policultivos en asociación y  favoreciendo estructuras que sostienen mucho abono y una buena cobertura del suelo, clave para el logro de buenas plantas y mejores frutos.

 

Pero la Permacultura, especialmente, es diseño integrado, de modo que nos obliga a planear el manejo eficiente del agua, las energías, el hábitat de construcción y sus servicios, para que confluyan en el espacio y en el tiempo de manera armónica y eficiente, además de bella, como seguramente busca todo diseñador.

Abajo a la izquierda, el filtro del único punto de agua, donde se lavan platos y circulan grasas, detergente orgánico y más desechos, es una excavación profunda con arena en el fondo y capas de piedras en combinación con otros materiales. También es un espacio de plantas medicinales en la zona 1 de la vivienda campesina donde estamos por ahora: hierba luisa, toronjil, hierba buena, un arrayán enano, hierba maggi, tomillo, ruda, menta y flores, prosperan. La instalación funciona de manera eficiente como un sistema de riego. A la derecha, un estanque de doradillas (peces nativos) elaborado con geomembrana, riega una cama de rúcula, jamaica, naranjilla y coles. Es una zanja de infiltración, pues pequeños agujeros drenan agua hacia los bancales por gravedad. En este caso, también es un estanque con vida.

Nuestro diseño de Permacultura busca establecer espacios productivos de alta eficiencia y buena salud mediante intercultivos, estructuras y micro-ambientes adecuados, para que las plantas prosperen con la menor intervención humana, la mínima cantidad de agua y el menor impacto ambiental.

Si bien usamos productos químicos orgánicos como el azufre, la cal, la ceniza y el silicio que elaboramos con cascarilla de arroz, se ocupan hasta que la presencia suficiente de microorganismos y la compañía de plantas en asociación regulan la síntesis protéica de los cultivos. Este diseño está presente en nuestras camas biointensivas, bancales, camas calientes y jardines comestibles. Siempre partimos de un buen sustrato, abonado con biofermentos como el bocashi que favorecen el desarrollo de los microorganismos regeneradores del suelo.

Abajo,  una asociación de col con alcachofa y eneldo, vainitas y acelga morada es una combinación que funciona muy bien durante largo tiempo. Luego, un girasol en la cama de lechugas las hace fuertes y mejora su tamaño.

Con la permacultura hemos aprendido que todos somos diseñadores o que podemos serlo para organizar nuestra propia vida y favorecer la existencia de una vida en comunidad, solidaria y unida en momentos trascendentales que exigen recuperar el bienestar y la permanencia de siete generaciones más allá de nosotros.