Curso de bioconstrucción y permacultura: un horno de tambor

El fin de semana, 18 y 19 de noviembre de 2017, la finca desarrolló un taller práctico demostrativo de bioconstrucción en el Jardín Botánico de Quito,  auspiciante entusiasta de un sistema demostrativo amigable con el medio ambiente.

Carlos Álvarez, experto en bioconstrucción a cargo de la finca, condujo la elaboración de un horno de doble combustión de alta eficiencia hecho con materiales ecuatorianos, de carácter ancestral y tecnología actual: caña guadua, barro térmico, piedras volcánicas, en combinación con acero inoxidable, dos tanques de doscientos litros y malla metálica.

La experiencia fue muy gratificante pues el taller reunió a un grupo experto en construcción y uso de materiales, con permacultores y personas conscientes de la importancia de ser productores de tecnología en lugar de meros consumidores recursos. Todos tenían en común el amor por la naturaleza y la decisión de lograr una mayor integración con ella a través de la Permacultura.

Luego de una inauguración con la intervención de la directora de educación del Jardín Botánico, se abordó el programa de manera práctica y en dos días alcanzamos el objetivo sin contratiempos.

Si quieres revisar el programa de este taller, puedes leerlo y descargarlo del siguiente link de Facebook: Programa del curso de hornos eficientes de tambor

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Fue reconocido por todos el aporte de las damas asistentes, quienes levantaron gran parte de la estructura de caña guadua y barro, a la vez que el conocimiento experto de los caballeros con experiencia en el uso de las herramientas como sierra, remachadora, amoladora, taladros y la infaltable productora de latillas de caña guadua diseñada por Charly.

¡Cuántos amigos y amigas nuevos! Fue lindo el encuentro y enormes las expectativas que levantamos todos nosotros sobre los siguientes pasos en la permacultura de nuestras vidas.

Hubo proyectos muy interesantes planteando alternativas para el diseño de otros recursos con el sistema, como una estufa / cocina, o un calentador de agua con barro térmico, que a la vez sirva para abrigar un ambiente en casa.

Al ser un encuentro permacultural, el taller también dio la opción de charlar sobre algunas propuestas de la finca Shungo Tola, como el uso del baño seco compostero de tacho, el cultivo de semillas orgánicas, el uso eficiente del agua a través de biofiltros, los emprendimientos sustentables y más asuntos de esta disciplina y el estilo de vida natural.

Por petición de este nuevo y dilecto grupo de amigos, incluyo en este texto una descripción de la construcción, funcionamiento y uso del baño seco de tacho.

El humilde pero eficiente baño seco de tacho

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Cómo y por qué un Temazcal curativo

El Temazcal es un antiguo método para curar que se practicó especialmente en América, Europa y Asia, desde tiempos inmemoriales. El popular baño sauna actual tuvo su precursor en una cámara usada para sanar dolencias reumáticas, problemas de circulación, bronquiales, digestivos y de otro orden, siempre con vapor y piedras calientes.

En América, desde Alaska hasta la Patagonia, el Temazcal se usa también para curar el alma. En contacto directo con la Madre Tierra, dentro de la construcción circular de barro, al inhalar el vapor de plantas medicinales y de las abuelas piedras, en pleno contacto con uno mismo, recordamos de dónde venimos y a dónde vamos.

El temazcal de Shungo Tola se ha construido con barro y bahareque, usando una estructura de caña guadua, como seguramente hicieron los primeros pueblos sedentarios para mantener y cuidar la salud. Era tan importante y eficiente el método, que las tribus nómadas lo levantaban en cada refugio de su viaje por la madre Tierra usando pieles de animales para cubrirlo.

Hasta el día de hoy se conserva la memoria de esta ceremonia ancestral, que en México se consolidó al reunir las formas del norte de América y del sur de la Patagonia. Los mayas y mexicas fueron, probablemente, quienes hicieron más completo el ciclo de la curación del cuerpo y del alma con un procedimiento que se mantiene en los círculos de medicina del Camino del Corazón hasta el día de hoy. Es el que practicamos con amor y constancia.

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En el exterior, una Abuela Tortuga cuida el paso hacia el interior de la Madre Tierra. Antes de la ceremonia recibe los objetos sagrados de la gente: cuarzos, piedras especiales, el tambor y la sonaja para el canto y las hierbas se se usarán para limpiar, como cedro o ciprés, romero, arrayán, hierba buena, cedrón, borraja; dependiendo de las necesidades.

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Las abuelas piedras entran al centro del domo de barro en grupos de siete. Se limpian con cedro y una vez adentro, reciben el agua medicinal que hirvió en la misma fogata.

Cuatro son las ruedas de la vida, las vueltas del Temazcal y los cantos sagrados de medicina que alivian y esperanzan.


Calientito, calientito, calientito el Temazcal/ es el vientre de la madre Tierra/


Agua vital purificame/
fuego del amor, quema mi temor/
viento del alba, llévame al altar/
madre Tierra vuelvo a mi hogar/
en el Temazcal/
en el Temazcal/
El nacimiento, la juventud, la madurez y la ancianidad se reconocen, pidiendo a la Madre que bendiga cada momento de nuestro paso por la vida.
Buscando buscando yo nunca encontré/
lo que yo buscaba siempre ha estado aquí/
dentro, muy dentro de mi.
Los cantos de suceden unos a otros y también los pedidos de sanación; transcurre el silencio y la purificación, el copal y el palo santo limpian y protegen.
La ceremonia dura dos horas y media, más o menos, en ella pueden participar niños y bebés. Si el calor fuera extremo para alguien, podría salir con permiso de quien dirige el proceso.
Luego de la experiencia se comparte un ágape ritual en honor a la Tierra.
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Un horno de doble combustión a muy bajo costo, experiencias de bioconstrucción

Uno de nuestros más caros sueños ha sido construir con nuestras propias manos un horno eficiente con una doble cámara para la circulación de los gases, el mínimo gasto de leña usando solo las podas del huerto; con tanques reciclados y a muy bajo costo. Pensamos y soñamos en hacer muchos hornos para las familias de la comuna, como ellos hicieron con nosotros. Un horno en minga.

En diciembre de 2016, organizamos un taller con la asistencia de Norié Barro Vivo. Ocurrió lo que pasa cuando todo se junta para bien; nos visitaron dos amigos permacultores de la zona y  tres familias de la comuna de Ajumbuela. Todos aceptaron el reto de hacer un sistema que se comercializa en cientos de dólares, con nada, si fuera posible.

El trabajo maravilloso de don Edgar, nuestro vecino soldador experto, fue clave en el logro alcanzado en esta minga. Unimos las piezas de un tanque reciclado que curamos con llama alta durante una hora para eliminar todo posible residuo de su uso anterior.

Armamos la base con pallets, botellas de vidrio, tejas antiguas, caña guadua y ceniza.

Añadimos las piedras volcánicas que amablemente donó Norié, son rocas de la Mama Tungurahua, que arden al rojo vivo en un santiamén.

Se colocaron para formar la cámara de fuego, con barro preparado quince días antes usando majada de caballo, melaza y rastrojo en las siguientes proporciones: barro arcilloso, diez partes; majada mezclada con agua suficiente para lograr una mezcla homogénea, dos partes; cascarilla de arroz hasta darle consistencia, dos partes; y melaza con agua hasta conseguir la pasta.

Levantamos la estructura con un tanque viejo, malla de la construcción y un tubo laminado.

El resultado, luego de dos días intensos de trabajo, fue un lindo horno que luego Charly retocó con una serie de ajustes a la cámara interna, la estructura y los revoques.

Durante tres días seguidos distribuyó mejor el barro, cubrió bien las fumarolas que aparecieron en el horno recién estrenado, y le puso patitas de elefante.

El costo total del horno ascendió a $250 dólares. Es decir, de fácil acceso a las familias de la comuna de Ajumbuela y a todo quien esté interesando en una solución permacultural para este sistema de combustión de doble cámara.

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¿Cómo funciona?

Es increíble que el horno no desprenda humo durante la combustión. Aparece una especie de trama de gases transparente que casi no se ve.

La leña, que son solo recortes secos del huerto, entra en la cámara de fuego y se enciende con fuerza gracias a la ventana, abierta en este caso para el impulso de aire necesario.

Inmediatamente pasa a la cámara de circulación de gases, un espacio hueco y soldado entre el tanque principal y otro, que genera el túnel de combustión.

El calor es mucho más intenso que con el método convencional y la cantidad de leña no tiene punto de comparación.

Finalmente, a disfrutarlo, a cocinar a diario, a prenderlo por las noches cuando hace frío y a brindar por nuestra salud y por la salud de toda la humanidad.

 

 

Aprendizajes de esta bioconstrucción, en octubre de 2017

Luego de un año construyendo hornos con este sistema, podemos decir que sí es posible levantarlo por ti mismo con conocimientos sencillos y materiales reciclados.

Puedes ser un permacultor y usar de manera eficiente la energía con un mínimo esfuerzo, lo importante es que aprendas cómo hacerlo.

Seis hornos después del primer prototipo, hemos hecho varios ajustes que te sugerimos como necesarios.

  1. Redujimos la entrada de la cámara de combustión. No se necesita que sea tan amplia, especialmente porque se fuga el calor de manera importante.
  2. Usamos acero inoxidable para forrar todo el horno por dentro y por fuera, esto evita la oxidación de los tanques reciclados.
  3. Eliminamos la ventana de humo, no es necesaria pues si la cámara de combustión está bien hecha el aire fluirá durante el encendido.
  4. Hacemos los últimos revoques luego de un mes de su construcción. Esto permite que la mezcla seque bien y sea una base sólida sin fisuras o “fumarolas”.
  5. Cubrimos con barro la chimenea y la puerta del horno para que el calor no escape por las fisuras.

El último horno que elaboramos para clientes de la finca salió perfecto. En este afán de constructores de fuego, levantaremos el siguiente en el Jardín Botánico de Quito el 18 y 19 de noviembre de 2017, con las siguientes características:

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  • Enciende en cinco minutos.
  • Necesita menos cantidad de podas.
  • Calienta en diez minutos.
  • Mantiene un calor estable durante tres horas y con un leño pequeño más, llega a cinco horas.

¿Cuánto cuesta un horno mejorado?

Hacerlo profesionalmente vale entre $600 y $800 dólares, considerando ya el trabajo involucrado y el tiempo, puede ser necesario un mes y medio de visitas periódicas  para dejarlo sin fisuras, todo depende de la humedad del ambiente, las veces que se haya prendido (mientras más, mejor), el espacio dónde está, los materiales, entre otros factores. Sin embargo, una vez curado el barro con una mezcla térmica, tendrá la dureza característica de las construcciones antiguas con este material. Puede durar siglos.

Aprender a hacerlo en un curso de bioconstrucción de la finca vale $80 dólares, dura dos días e incluye el asesoramiento cuando se levante en tu lugar.

¿Cuáles son los beneficios?

Todos son beneficios, ya que usarás mínima cantidad de leña. Encenderás muy rápido. Cocinarás mejor, con el inconfundible y delicioso sabor tradicional pero con las ventajas de un sistema sustentable. Y muy importante: no contaminarás el ambiente ni dañarás tu salud porque la doble combustión bien lograda elimina el humo, solo verás residuos gaseosos transparentes en la chimenea.

 

Mira este vídeo dónde te lo explicamos más ampliamente:

 

Carlos Álvarez, constructor y docente de la finca Shungo Tola, con estudios de arquitectura, sociología, economía, conoció este sistema en Argentina durante el año 2012 y 2013, luego combinó este saber con el de caña guadua, en Colombia. Construye hornos de doble combustión para la comuna de Ajumbuela en Urcuquí, provincia de Imbabura de manera gratuita, y para los clientes de la finca Shungo Tola.  Dicta talleres y cursos sobre sistemas de doble combustión: estufas, hornos y tanques de calefacción, desde el año 2016.

El riego en vasija para un jardín de flores

El agua es protagonista de nuestros sistemas de permacultura. No existe una instalación que no la tome en cuenta, tanto la que bebemos como la usada para cocinar, limpiarnos, y por supuesto, aquella que se necesita para regar.  En tiempo de sequía el riego por capilaridad es un recurso muy valioso, un cuenco de barro no esmaltado, quemado al horno pero sin barnices, resulta ideal para ser enterrado, llenándolo con agua cada cinco días. Los antiguos, que nos enseñaron muchas cosas regaron con pondos de barro. Se enterraban grandes vasijas en las huertas al hacer viajes largos tanto en el actual Ecuador como en todos los Andes. Sobre otras culturas, su uso se registra por ejemplo en China con esta finalidad durante cuatro mil años.

Tomates mexicanos

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Este jardín comestible de bambú tiene en el centro flores que se riegan con la vasija de barro central. Si se llena cada semana, las delicadas flores de caléndula se abrirán en quince días.

Cómo hicimos un vivero con guadua y barro en apenas $30 dólares

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Nuestro pequeño invernadero es el vivero de la finca Shungo Tola, se ha construido con caña brava entera y cortada, plástico para invernaderos, barro y polialuminio reciclado en todos los remaches.

Se colocaron sarán y micromallas para garantizar una buena circulación de aire este – oeste. Además cuenta con ventilación pasiva norte – sur y un sistema sencillo para recoger el rocío de la mañana y el agua de lluvia en un pequeño tanque, usado para regar las semillas, las plantas y los plantines. En camas con bochashi a los extremos se cultivan tomates cherry amarillos, ajos, cebollas, albahaca y fresas en cada luna creciente. La cama que se observa para el cultivo del tomate tiene cartón en la base y mucha tierra abonada, lo cual dio excelentes resultados.

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Algunos detalles constructivos

La caña guadua se cortó en tiras delgadas con las cuales se formó un túnel. Las tiras han sido sostenidas por bases de caña entera, barro y piedras. Para unir los materiales se usó una grapadora neumática y retazos de polialuminio.

Levantamos una cama elevada en el centro del invernadero para colocar los nuevos plantines, que se hizo enteramente con caña guadua y carrizo.

Un año después de la construcción del vivero podemos dar varios consejos:

Usa solamente plástico de invernadero. La primera versión se armó con plástico normal de construcción y duró seis meses. Tuvimos que cambiar todo el sistema por un material resistente a los rayos UV.

Cuida que el plástico no esté en contacto con salientes o partes cortantes que puedan dañarse por roce constante con la fuerza del viento. Actualmente en el 2017, las uniones se envolvieron o aislaron con polialuminio, sarán y plástico.

¡Fuera de eso nada más!! Sorpréndete, el costo de este invernadero es de $30 dólares, en el plástico (lo más caro, $16 dólares para los cinco metros por tres), la caña guadua (cada una de nueve metros vale $3) y la tierra es gratis…

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